
En un lugar donde viví, también vivía un gran perro amarillo mestizo de pastor alemán que era querido por toda la gente por su carácter pasivo y cariñoso, era el perro de todos y de ninguno a la vez. Todo el mundo le ofrecía comida gentilmente y era el amigo de todos los niños, los que le le pusieron por nombre "Pilín". Un día de invierno en el año 2005, al bajarme de la micro me siguió hasta mi casa y le ofrecí comida en el jardín, ahí se quedó feliz de la vida comiéndose una ración de pelet para perros. Salí a hacer unas compras y de nuevo me siguió hasta un negocio cercano, ahí cometió el grave error de entrar, pese ha que era conocido por todos, una mujer de malos sentimientos salió con una escoba y le dijo con voz dura y ofensiva "sale de aquí mugre...", sentí tanta rabia e impotencia y no pude contenerme, increpe a la mujer y pareció luego sentirse avergonzada por esta reacción, ese día me sentí muy apenada, pensé que siempre el Pilín se vería enfrentado a estas cosas, personas que lo defenderían y otras que no por no tener la seguridad de un hogar, en cualquier momento a alguien le molestaría y quizás seria una victima más de la crueldad dele algunos seres humanos, entonces ese día lo lleve a la casa y durmió seguro en mi jardín. Lamentablemente el estaba acostumbrado a callejear y al otro día quiso irse, volvía en las tardes a buscar su ración de comida y luego se marchaba. Un día de invierno llovió torrencialmente como nunca había visto, había mucho viento por lo que a media noche me levanté a mirar a la calle nosé porque motivo, ahí vi al Pilín buscando donde cobijarse, corría para todos lados tratando de buscar un refugio del frío y la lluvia, esa situación me partió el alma, me vestí y acomodé una casita de perro en el jardín para que pudiera refugiarse y así paso, al otro día volvía a suceder lo mismo... quería irse y yo tenía que abrirle la puerta. Un día decidí tratar de convencerlo de quedarse y de a poco su estadía se fue haciendo mas larga y terminó por entender que ese era ahora su hogar. Le compré un collar y una placa con su nombre y mi número de teléfono y a todo aquel que preguntaba por el Pilín supo que ahora era mi perro, ya no tenía que mendigar alimento ni guarida, ahora tenía su plato de comida, su propia cama y mejor aún un hogar donde sería por fin amado. Es ahora mi Pilín el perro más dulce, más cariñoso, incapaz de hacerle daño a nadie, es agradecido y buen compañero, nunca se cansa de demostrar su afecto, siento un gran amor por él y una gran alegría de haberle ofrecido un hogar, es mi Pilín un perro muy especial.

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