viernes, 9 de marzo de 2007

Lulú



Un día desperté de madrugada con los aullidos de un perrito que lloraba muy angustiado, estaba lloviendo a cántaros, pero no tenía la certeza de donde provenían, mis vecina más próxima tenía un perrito que estaba bien cuidado y la del otro lado no tenía perro. El llanto lastimero continuaba y ante la insistencia de este afligido perrito me levanté a investigar. Descubrí que los llantos provenían del patio que estaba a los pies del mío y al asomarme para ver que sucedía encontré un pequeño perrito amarrado con una gruesa cadena y totalmente a la intemperie, era solo un cachorro y no podía creer que alguien no pensara que este acto no podía tener otro nombre más que crueldad. Espere que estuviera más temprano y fui a tocar la puerta de estas personas, salio una viejecita de cabello blanco que parecía tan amable, le explique y pareció entender, pero al darme la vuelta y al esperar un rato me di cuenta que no le prestaban atención. Mi marido enfurecido llamó y al cabo de un rato esta señora salió a atender la situación, mi marido le dijo "señora disculpe pero usted no se da cuenta de que el perrito esta llorando?...ahh dijo esta señora, le molesta el ruido?...No señora, dijo mi marido, me molesta la crueldad con que tratan a este perrito y no darse cuenta que no puede estar bajo la lluvia y amarrado. Desde ese día ya nada sería lo mismo porque la angustia de saber que en ese patio había un ser que necesitaba atención, que tan solo era un cachorro y sufría ahí amarrado sin que ha nadie le importara me quitaba el sueño, habían días en que no la escuchaba, otros en que lloraba todo el día. Cuando me asomaba escondida para verla, la veía ahí siempre sola, hecha un ovillito en esa tierra llena de excrementos, mal oliente, en el suelo le tiraban algo de comida, si es que eso podría llamarse comida. No podía permitir que esto continuara, converse con los dueño buscando mejorar su vida, pero nada sirvió, al parecer disfrutaban viéndola sufrir. Porque la tienen entonces? me preguntaba, de seguro alguna planta, algún zapato habría roto pero eso no era motivo para castigarla así, los perros son inteligentes, un dueño cariñoso y paciente sabe que puede educarlo y cambiar malos hábitos, pero ni siquiera había intención alguna de prestarle atención. En ese patio solo escuchaba malas palabras para ella cuando intentaba traspasar el límite que le marcaba esa cadena, así escuche que se llamaba Lulú.
En mi intento por sacarla de este lugar pasó un año, pero no podía rendirme, hasta que gracias a Dios tomamos la desición de irnos de aquel lugar y yo no me iría sin ella, tendría que sacarla de ese lugar como fuera aunque me significaran problemas. Mi amiga me ayudo y un día de madrugada la sacamos de ahí, la secuestramos y con el apoyo de otra amiga fue recibida en su casa mientras me instalaba en mi nuevo hogar. Los dueños ni se preocuparon y luego de convencerlos de que la Lulú había arrancado a la calle, ni siquiera se molestaron en buscarla. De este hogar temporal un día se escapó, no pudieron alcanzarla y se perdió. No podía creer tanta mala suerte y me sentí terrible al saber que ahora su suerte era peor, en la calle perdida, sin esterilizar, sin saber donde estaba. La busqué por varios días recorriendo y pegando carteles por si alguien tuviera noticias de ella y luego de una semana, en uno de mis recorridos por el sector yo misma la encontré en una esquina, detuve el auto y corrí a buscarla, estaba algo asustada y adolorida, pero felíz de verme. Las cosas luego tampoco serían fáciles, a pesar que la llevé a mi casa y estaba a salvo, que ya no estaría amarrada que podría correr y jugar libre, que dormiría por primera vez en una verdadera cama y su comida sería servida con amor, el tiempo que estubo perdida le significo recibir algún golpe o tal ves un atropello. El diagnostico no fue muy alentador, la Lulú tenía roto el diafragma y solo podía mejorarse con una operación, lo malo era que era una cirugía compleja en la que muchos animalitos morían, pero debía hacerse ya que de lo contrario la muerte vendría de todas formas, era necesario correr el riesgo y con toda mi pena luego de meditarlo decidí operarla. Le pedí a Dios me la devolviera con vida y pese a toda esa angustia vivida la Lulú se recuperó, volvió a la casa curada y aquí está mi pequeña...a mi lado, ya no tiene que preocuparse por nada, esta con nosotros, ya nadie volverá a hacerle daño. Me gusta verla dormir en mi regazo y en esos instantes puedo ver que ya nada le preocupa, tiene todo lo que necesita para ser feliz, de su antigua vida solo queda su nombre "Lulú".

Pilín



En un lugar donde viví, también vivía un gran perro amarillo mestizo de pastor alemán que era querido por toda la gente por su carácter pasivo y cariñoso, era el perro de todos y de ninguno a la vez. Todo el mundo le ofrecía comida gentilmente y era el amigo de todos los niños, los que le le pusieron por nombre "Pilín". Un día de invierno en el año 2005, al bajarme de la micro me siguió hasta mi casa y le ofrecí comida en el jardín, ahí se quedó feliz de la vida comiéndose una ración de pelet para perros. Salí a hacer unas compras y de nuevo me siguió hasta un negocio cercano, ahí cometió el grave error de entrar, pese ha que era conocido por todos, una mujer de malos sentimientos salió con una escoba y le dijo con voz dura y ofensiva "sale de aquí mugre...", sentí tanta rabia e impotencia y no pude contenerme, increpe a la mujer y pareció luego sentirse avergonzada por esta reacción, ese día me sentí muy apenada, pensé que siempre el Pilín se vería enfrentado a estas cosas, personas que lo defenderían y otras que no por no tener la seguridad de un hogar, en cualquier momento a alguien le molestaría y quizás seria una victima más de la crueldad dele algunos seres humanos, entonces ese día lo lleve a la casa y durmió seguro en mi jardín. Lamentablemente el estaba acostumbrado a callejear y al otro día quiso irse, volvía en las tardes a buscar su ración de comida y luego se marchaba. Un día de invierno llovió torrencialmente como nunca había visto, había mucho viento por lo que a media noche me levanté a mirar a la calle nosé porque motivo, ahí vi al Pilín buscando donde cobijarse, corría para todos lados tratando de buscar un refugio del frío y la lluvia, esa situación me partió el alma, me vestí y acomodé una casita de perro en el jardín para que pudiera refugiarse y así paso, al otro día volvía a suceder lo mismo... quería irse y yo tenía que abrirle la puerta. Un día decidí tratar de convencerlo de quedarse y de a poco su estadía se fue haciendo mas larga y terminó por entender que ese era ahora su hogar. Le compré un collar y una placa con su nombre y mi número de teléfono y a todo aquel que preguntaba por el Pilín supo que ahora era mi perro, ya no tenía que mendigar alimento ni guarida, ahora tenía su plato de comida, su propia cama y mejor aún un hogar donde sería por fin amado. Es ahora mi Pilín el perro más dulce, más cariñoso, incapaz de hacerle daño a nadie, es agradecido y buen compañero, nunca se cansa de demostrar su afecto, siento un gran amor por él y una gran alegría de haberle ofrecido un hogar, es mi Pilín un perro muy especial.

Agustín



En una fría noche de abril del año 2005 conduciendo por camino a melipilla en la comuna de cerrillos me detuve en un semáforo justo al frente de la Fidae, de pronto ví a un perrito en el borde de la acera del bandejón central tratando de cruzar la calle, la cantidad de vehículos que pasaba a gran velocidad era inmensa y pensé que lo más probable era que fuera atropellado. Me bajé rápidamente para tomarlo con la intención de dejarlo en un lugar más seguro, se cobijo en el auto y cuando me dí la vuelta y me disponía a dejarlo pude darme cuenta de que estaba enfermo, lo tomé y estaba ardiendo en fiebre y le costaba mucho respirar por lo que no tuve corazón para dejarlo ahí en ese estado, pensé que probablemente no sobreviviría y decidí llevarlo a una clínica donde siempre acudía en estos casos, quizás si recuperaba podría luego buscarle un hogar. Fue ingresado y tratado de inmediato con suero y analgésicos, al día siguiente el doctor me dijo que era distemper y que haríamos el intento de salvarlo, se quedo varios días dentro de un canil echado sin ánimo, prácticamente no se movía, lo más probable era que no viviría y de ser así yo lo ayudaría a descansar. Al tercer día fui a visitarlo y ahí estaba, parado en el canil, movía su colita y era otro perro, empezó a recuperase de a poco favorablemente y se sanó. Comencé a buscarle un hogar para darle una nueva oportunidad y luego de varios meses de búsqueda sin resultados mi marido me ayudó a traerlo a la casa, su adopción resultó complicada ya que pese a que no era muy adulto era demasiado inquieto y eso auyentaba a la gente. Llegó a mi casa y desde entonces es íntimo amigo del Luckas no así del Pilín ya que se odian a muerte por ser ambos más bien defensores de su territorio, ha sido dificil el lograr mejores avances ya que la distemper deja algunas secuelas de tipo neurológicas por lo al parecer le producen este estado de extrema ansiedad e hiperactividad, pero dentro de todo es un perrito que lleva una vida normal, juega todo el día con Luckas y dentro de lo posible trato de darle una buena vida para que pueda olvidar los malos ratos vividos en la calle abandonado, es muy efusivo para demostrar su cariño y pareciera nunca cansarse, siento un cariño especial por el y una compasión inmensa por mi Agustín mi perrito saltarín, a pesar de tantas cosas siempre estaré a tu lado hasta el día que decidas partir.

Luckas



En una visita para ayudar a un refugio de animalitos en Melipilla en el verano del año 2005, conocimos a Luckas, un poodle de color negro que la señora del lugar había traído para vivir en el refugio ya que había sido rescatado de la calle. Tiempo atrás había tenido dueños que lo querían y cuidaban mucho, pero cuando llegó el primer hijo Luckas rápidamente fue olvidado y descuidado, ya no había tiempo para él y lo que es peor lo tiraron a la calle, así empezó a deambular por ahí pero al terminar el día siempre volvía al que había sido su hogar de donde era correteado porque ya no era bienvenido. Fue así como un día esta señora al ver esta situación le tendió una mano a Luckas y lo rescató de este cruel abandono, no podía llevarlo a su casa pues ya tenía demasiados animalitos y no quedó otra alternativa que llevarlo a Melipilla. Por su carácter pasivo y por no estar muy adaptado a la vida en la calle, no era conveniente ponerlo en un canil con otros perros ya que podía salir lastimado, por lo que fue puesto en el canil junto a unos compañeros Gatunos. Así lo conocimos, junto a los Gatitos, su mirada era triste y eso nos conmovió mucho, el saber que era un perrito que antes tubo una casa y ahora estaba ahí resignado a compartir este espacio encerrado y quizás nunca más compartir con los humanos. Decidimos que quizás podríamos adoptarlo y nos fuimos de ese lugar con un nudo en la garganta y con la misión de lograr la aprobación de mi papá para traerlo a casa. Mi padre accedió y fuimos luego de unas semanas a buscarlo a Melipilla, su alegría era inmensa cuando lo sacamos y lo subimos al auto, se fue feliz, nos daba besos de agradecimiento y cuando llegó corría de alegría. Ahora mi Luckas vive feliz con nosotros, aunque es un poco bochinchero lo queremos igual, la motita negra de pelos a la que apenas se le veían los ojos ahora es un hermoso perrito con un nuevo loock, lo queremos aunque aveces sea muy desordenado, es el amigo de todos los demás perritos, el no tiene nunca un problema para hacer amigos sobre todo con Agustín que es su compañero de juegos, el solo es feliz.