
Un día cuando me dirigía a trabajar en pleno paseo Estado en el centro de Santiago divisé a un pequeño bultito de color café claro que hecho un ovillito dormía afuera de una tienda, lo miré y le dije a mi marido..."Mira pobre criatura, quizás yo podría encontrarle un hogar por ser aun un bebé"...mi marido me dijo "si es así entonces llevemoslo a la casa para buscarle un hogar", me fui al trabajo para luego volver a buscarlo, hasta la hora de salir lo dejé en una cajita encargado en el lugar donde estacionábamos el auto. Fue así como llegó a nuestras vidas, el Tommy cuando tenía como 3 meses de vida, estaba desnutrido y con varias cosillas más, costó sacarlo adelante y de a poco fuimos curando, también gracias al trabajo del doctor Miranda, se quedó a vivir para siempre en casa de mi hermana pues les robó el corazón. Ahora es inmenso de grande, con piernas largas y flacas, no tiene raza ni pedigree pero eso que importa, en la vida había visto perrito más regalón, duerme adentro de la casa porque no puede estar lejos de mis hermanas, las cuida y las protege ante cualquier amenaza, ya no es un bebé pero creemos que lo seguirá siendo hasta el final de sus días. Le gusta disfrazarse y posar para las fotos, corre al encuentro de todos aunque aveces termine en el suelo o chocando con todo, así es el Tommy, es un perro feliz.





